Camino Snorkys 2018. Día D+1.

Salida del albergue hacia Portomarín. En lo alto de Sarria se oyen aplausos desde una ventana del Monasterio de Santa María Magdalena y Convento de la Merced. “Qué amables y sólo acabamos de empezar…”, pero se trataba de palmadas para llamarnos la atención por habernos salido del recorrido… Bien empezamos. Pepe, ¡vuelve! Cierto que no volvió a ocurrir. Buena oportunidad para visitar el claustro del monasterio y... primer euret de otros muchos de donativo. Al poco, también, una pedreta en el pitet. Primera pedreta de Rafa en los infinitos mojones del Camino. Mojones hasta los cojones. Salida de Sarria y sorpresa por encuentro con típicas gitanas rumanas haciendo su negocio con los peregrinos. Caminar y caminar. A eso hemos venido. La última cuesta. Desde ahí, del tirón, todo llano a Santiago… hasta la siguiente cuesta. Siempre hay otra última cuesta. También hay que descansar. Almuerzo en terraza del Mirador da Brea, buen sitio para ver y ser visto, donde un genio gallego reconoció a Rafa como amigo de Rajoy, de los suyos, del que se olvidó de Galicia (dixit)… También momento para debatir la modificación del conocido dicho de los escoltas “donde puedas comer, come; donde puedas mear, mea”, en el sentido de ampliarlo con “donde puedas beber, bebe”. Y del tirón a Portomarín, que no Portonovo.
¡Qué buena la cerveza Estrella Gallega en O'Mirador y el licor de café y el vino blanco...! Comida y cena. El reposo del caminante. Pero descanso poco en el Albergue Ferramenteiro. ¡Nunca mais! Recuerdos de la mili. Nave corrida de infinitas literas con horario de silencio y diana. “O entran ya o se quedan fuera” y a buscar minas a Afganistán estuvo a punto de marchar el muchacho. Y un atrevido chistando cuando aún quedaban 10 minutos para el toque de silencio. “Ni chis ni hostias, no es la hora”. Orquesta nocturna de ronquidos de diferentes nacionalidades amplificados por las dimensiones de la nave.